jueves, 22 de mayo de 2014

en la cena, casi el único momento que compartimos, mis padres me dijeron que si no estudio tengo que trabajar. en realidad lo dijo mi madre mientras mi padre asentía como esos perros chinos de juguete que mueven la cabeza. no contesté. por dentro festejé, iluso, como si trabajar fuera genial, contento porque este año no voy a estudiar.
cuando me desperté, tenía un sobre debajo de la puerta de mi habitación y un diario. cerrar la puerta con llave para que no me vuelvan a encontrar fumando me pareció primero el respeto a mi intimidad, algo de confianza. pero la verdad es que a nadie le importa si me suicido o prendo fuego todo escuchando black sabbath. están convencidos de que soy inofensivo y me da bronca. mi madre había escrito en el sobre “COMPRATE UN TRAJE”. el diario tenía englobado en rojo los trabajos que ella consideraba que se adaptaban a mí. ella, que tiene como mayor éxito laboral vender cuatro cremas de avón a sus amigas, era ahora mi jefa. me indicaba cómo tenía que vestirme y dónde tenía que trabajar.
mi única experiencia laboral fue en un call center de telefonía celular en martínez. había buscado un trabajo por la menor cantidad de horas posible para juntar plata para las vacaciones con los pibes sin pedirle a mis padres, que cada vez que me daban plata querían gobernar poco a poco mi vida. en ese momento se negaron a que trabajara pero lo hice igual. me acuerdo que fui a la entrevista con la camisa blanca, el jean y los zapatos leñadores que usaba en el colegio. eso era todo lo que yo estaba dispuesto a ponerme para estafar a una empresa durante un tiempo. no tenía experiencia en nada. estaba recién salido de la secundaria.
el call center era una especie de laberinto para ratas de experimento. gente muy joven metida en boxes, sentada en una silla, hablando al mismo tiempo. ahí trabajábamos nosotros como colchón de gente entre la empresa y el cliente. era simple: los clientes odiaban a la empresa y por eso nos odiaban a nosotros. de hecho, terminando la primera semana, ya había insultado a un cliente y sumé dos puntos más porque además era abogado. después de una charla larguísima en que me insultó, llegó a pedirme el nombre y amenazarme con que era abogado, me acuerdo que exploté y le dije: ¿sos abogado? ¡entonces me chupa los DOS huevos! terminé de gritar eso y sentí cómo el silencio del call center me serruchaba la nuca.
cuando terminó mi día, mi supervisor, uno de esos tipos que te dice que sos la persona más inservible del mundo con la cara de la virgen maría, me llamó para conversar personalmente: escuchamos el llamado y el cliente es muy mal educado, es cierto, pero tenés que controlar la situación. en primer lugar, no debés tomarlo personal porque los clientes en realidad no están dirigiéndose a vos sino a la empresa. en esos casos tenés que cortar la conversación diciéndole que no podés continuar en esos términos y que, de todas formas, le deseás que tenga buenos días. tuve ganas de recagarlo a puteadas: no lo tomes a mal, no te insulto a vos, insulto a las políticas de la empresa, deseame buenos días, dale, pero no. aguanté porque necesitaba la plata y no me echaron.
el resto del mes fui una ameba autómata deseando buenos días y buenas tardes, aceitando la máquina del maltrato. pero nos daban premios. oh, sí. había dos premios que podíamos ganar: (1) el premio por velocidad de atención, para que el cliente tuviera una solución rápida y efectiva, y (2) el premio por calidad de atención, para que el cliente se sacara todas las dudas de su puto celular. es decir, que no podías ganar los dos premios económicos jamás porque a mayor calidad, menos velocidad y welcome to the jungle, engendro inservible. ahora lo recuerdo porque lo había borrado de mi cabeza: lo peor de todo todo todo era que cada dos minutos tenía que decirle a un cliente mi nombre de fantasía, que era nada menos mi desagradable segundo nombre. ningún lugar en el que te cambien el nombre puede ser un buen lugar.
ayer, yo me iba y mi madre ya borracha le gritaba a lourdes: ¡esta casa es una mugre, se-ño-raaa! ¡¿cuántas veces se lo tengo que decir, se-ño-raaa?! pero cuando bajé la escalera me vio con el diario en la mano se regocijó. habrá pensado que iba a cumplir todos sus deseos del hijo obediente, que no lloré tapando los gritos con la almohada de mi cama por la impotencia insoportable que me genera vivir así, con gente así, y no saber qué hacer con este vacío en el pecho.
con la plata que había dentro del sobre, publiqué un anuncio en el diario. cuando me levanté, bajé a la cocina y vi que en el diario publicado el aviso. lo encerré en un círculo rojo y lo dejé en la mesa de la cocina.

Joven fracasado se ofrece para mucamo cama adentro de vieja rica que no sea su madre.

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jueves, 15 de mayo de 2014

Gabriela dice:
No parecés tan pendejo vos.

guille dice:
vos tampoco sos tan vieja.

Gabriela dice:
Ah, mirá qué simpático. El nene descubrió el sarcasmo.

guille dice:
jajajaja

Gabriela dice:
Es como cuando los bebés descubren su propia lengua.

guille dice:
antes era un nene, ahora soy un bebé. soy una máquina de retroceder en el tiempo. falta muy poco para que me digas que soy un feto.

Gabriela dice:
No seas tonto. Con esto de que vos no sos tan pendejo y yo no soy tan vieja, hay dos posibilidades: o vos estás avejentado o yo estoy apendejada.

guille dice:
según vos, yo soy un bebé que acaba de descubrir su propia lengua. debés estar retrocediendo en el tiempo como yo.

Gabriela dice:
¿Por?

guille dice:
no sé, me llamás la atención, en general, la gente grande me fastidia, no me hace reír ni escucha portishead.

Gabriela dice:
Lo que pasa es que siempre chateamos de madrugada y te agarro dormido ¿Y vos qué escuchas? ¿Qué estás escuchando ahora? No mientas para hacerte el canchero, eh.

guille dice:
estoy en random, puede ser cualquier cosa. qué lindo vivir en random y que pueda pasar cualquier cosa.

Gabriela dice:
¡¿Qué estás escuchando?! No quiero excusas ni tu filosofía barata. Quiero ver los muertos de tu placard, nene.

guille dice:
el random cayó en elvis y de repente comienzo a volverme viejo. muy viejo. tengo mil años y puteo por todo. alcanzame la chata.

Gabriela dice:
¡Hereje! ¡A la hoguera! Elvis no tiene tiempo. Es nuestro amante eterno. No existe una sola mujer a la que no le guste Elvis.

guille dice:
bueno, calmate.

Gabriela dice:
¡Elvis está vivooo!

guille dice:
arranqué blasfemando porque mi madre me pidió prestado el mail para que vos le mandes info de tus clases de yoga y de repente veo que me estás atando una vincha de elvis en la cabeza. algo no anda bien.

Gabriela dice:
Te dije que iba a ser tu pesadilla, nene.

guille dice:
sos la última persona con la que hablo antes de dormir así que por ahí...

Gabriela dice:
Mirá que me meto en tus sueños y no me para nadie, eh.

guille dice:
jajaja, como en esas películas pornosoft que uno le ponen una vincha supersónica futurista (en mi caso una vincha que dice elvis), toca un botón y como que sueña con una persona y bueno, ya sabemos todo lo que pasa entre ellos.

Gabriela dice:
Vos me querés hacer el bocho.

guille dice:
LO QUE?

Gabriela dice:
Aaaaaay, en cada palabra que digo se me cae el DNI. No te gastes. Ya es tarde. Empecé sin vos.

guille dice:
le voy a contar a mi mamá

Gabriela dice:
Todavía no le digas nada. Cuando tenga que llamar a la policía por acoso, decile.

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miércoles, 7 de mayo de 2014

ahora me cuenta todo lo vinculado a su militancia: nos juntamos cerca del congreso, vamos a terminar de hacer unas banderas, me escribió en el chat cuando le dije de vernos. contuve mis celos, apreté los dientes. que no me cuente me daba celos, ahora me da celos que me cuente. cuando se desconectó, pensé en ir, acercarme para apoyarla, no sé. creo que ya está todo bien, pero manejar dos horas para pasarla a buscar por donde se junta con sus compañeros de militancia, sumado al colgante de la estrella de cinco puntas que le regalé, es decirle, con todas mis limitaciones, que la acepto en su nueva versión revolucionaria.
manejar en ruta hacia capital me hizo pensar. debería vivir manejando en ruta para entender por qué a naty le ocupa tanto tiempo la política, militar para un partido. escuchando modern life is rubbish de blur, tuve una especie de revelación: blur es la evolución de los clash pero con soda pop. sé que eso no le importa a nadie, pero fue eso lo que me llevó tiempo atrás al video coffee and tv y la lechita animada, todas esas canciones aborreciendo la vida moderna, todas esas horas encerrado mirando televisión, los productos de sprayette, las madrugadas tratando de sintonizar el porno de venus con su codificación casi inviolable, los políticos sonriendo en la tv, sacando pecho en publicidades heroicas que jamás tendrán los heroes, la palabra corrupción en la boca de cualquiera que adorna un poli para evitar multas, bardeadas en clase gritándonos de la nada ¡corrrrrrrrupto!, el champagne, el sushi, lo cool. ahí estaba mi primera relación con la política. todo eso incubando odio desde mi habitación, casi sin salir de mi casa, donde cualquier cosa vinculada a eso era puro silencio. vivimos años sin que se dijera jamás de qué trabaja mi padre. hasta que de chico escuché una conversación telefónica y empecé a entender los mejores autos, la mejor ropa y vacaciones paradisíacas. sin embargo, el contraste no era tan evidente en un colegio privado y católico. ahí no sabíamos lo que era un centro de estudiantes. nosotros teníamos catequesis, estudiábamos la biblia, tomamos la comunión y la confirmación porque era lo que hacían todos, íbamos a misa y dios estaba de nuestro lado. pensé todo eso hasta que el tránsito de la ciudad me trajo de los pelos al presente y el resto del viaje me volví, como si fuera posible, un peor ser humano, un fastidioso infeliz olvidado por dios buscando lugar para estacionar.
toqué timbre una casa antigua, puerta de hierro pesadísima. no me contestaron, me fijé bien y la puerta se cerraba con una cadena y un candado que no estaba, no tenía cerradura y estaba abierta. entré. paredes grises, mezcla de olor a humedad y cloaca, de fondo una música que no distingo. pasillo largo, viene caminando un flaco, boina, barba y mochila, le pregunto por naty y no la ubica por nombre. no sé si por nervios o por qué pero, al mismo tiempo en que marcaba la altura de naty con la mano, dije: una chica de pelo cortito, de cara blanca… ¡¿de cara blanca?! tenía la mano en alto y me faltó decir: una chica de raza aria. genial comienzo. están arriba, me dijo. mientras subía la escalera me di cuenta que estaban escuchando los redondos. vi a naty arrodillada, cociendo sobre los azulejos blancos y negros del suelo de ajedrez. estuve unos segundos en silencio hasta que comenzaron a verme, eran unas quince personas, había solo tres mujeres. me miró: pasá, pasá ¿hace mucho que estás ahí parado? me presentó al grupo y uno me dijo compañero. yo no supe qué decir.
al rato tuve la necesidad de evitar cualquier conversación y me fui a calentar la pava para cebar unos mates por primera vez en mi vida. de repente, sentí que me daba vergüenza decir dónde vivo. no lo preguntaron, pero desde que arranqué la ronda, en cada mate que serví, tuve miedo a cualquier pregunta que condujera a decir que vivo en un country. una de las chicas hizo un intento de diálogo mínimo pero en cuanto vi la gesticulación de su cara para enunciar la primera palabra, la interrumpí preguntándole si estaba bien el agua del mate, si quería que le pusiera azúcar, pero en ese preciso instante mi miedo se esfumó. el tiempo se detuvo al escuchar una voz masculina diciendo ¿me das un mate, natuuuu?. giré y pude ver las células chorreando líbido del tipo que se quiere coger a naty y no tiene intenciones de disimular nada: comenzó pidiéndole a ella un mate que yo estaba cebando. yo no existía para él, o peor, era un instrumento estúpido de ella. me hacía notar que él sí sabe quién es naty, ¡natuuuu!, que tiene trato con ella, que está cerca. todo eso mientras yo estaba sentado en un banquito con toda mi cara de no sé integrar esta sociedad y el termo en la mano como un campesino que espera la lluvia, pero yo esperaba que pusieran una bomba en esa casa y murieran todos excepto naty y yo.
es más grande, debe tener casi treinta. después le dijo a ella que el agua estaba un poco fría, que había que calentarla, y le guiñó un ojo. me estaba diciendo: yo la hago sonreír, haciéndome pensar que cuando no estoy se anima a darle un abrazo y mirarle el culo a la compañera. y naty sonriendo incómoda, poniendo cara de contenta de que haya ido, tratando de meterme en la burbuja inocente de que la militancia solo sirve para hacer el bien. que todos sus compañeros están metidos ahí para sanar el mundo y hacer un lugar mejor para vos y para mí, como canta michael jackson, y no para coger de madrugada en un baño sucio.
en el auto me comentó que estaba asombrada por la poca cantidad de chicas que había en su agrupación. no sé por qué, dijo. yo fui comprensivo sintiéndome un pelotudo o al revés: los pibes me parecen buena onda, mentí.

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miércoles, 23 de abril de 2014

estuviste perdiendo el tiempo. esa fue la lúcida conclusión que sacó mi madre cuando les comuniqué que cursar un año fue suficiente para saber que no me interesa el marketing. la señora cabernet sauvignon me hablaba de perder el tiempo. no respondí, mastiqué sin gusto. ella apoyó la copa y volvió a cortar el silencio: la verdad que no sé para qué te anotaste. mi padre tejía el aire denso que lo rodea siempre alternando su mirada entre nuestras caras y el plato. mi madre dejaba de hablar cuando él la miraba fijo. me fui a mi pieza mientras me gritaba “¡¿a dónde vas?! ¡¿no ves que estamos hablando?!”. cuando subía la escalera escuché que decía: este chico no tiene solución.
años atrás, a mí lo único que me importaba era que existía MTV y de repente apareció el video de smells like teen spirit. me acuerdo que la primera vez que lo vi lo llamé al colo desesperado y no solo me dijo que ya lo había visto sino que me contó que el título del tema se debía a que una chica había escrito en una pared de la casa de cobain que kurt olía a teen spirit, un desodorante de mujer. después me dijo que tenía que ver los videos de tool, una banda que yo no conocía y desde ese momento en adelante era eso lo único que me importaba y así era mi vida. pero en ese mismo tiempo, comenzaron a preguntarme qué querés ser cuando seas grande pero ya no como cuando era chiquito: ¿qué vas a estudiar? y yo no sabía. me hacía el punkie, decía que no me interesaba nada, o que quería ser bombero porque me gustaba el traje rojo, pero sentía que la pregunta se repetía cada vez más abominablemente. todavía recuerdo esas caras diseñadas por las historias de disney diciéndome con la mirada: pobre chico, no tiene sueños, no va a llegar a nada.
cuando estábamos en cuarto año, vino gente de una empresa y nos invadió por un día sin aviso, incluso los profesores parecían no estar al tanto. nos hicieron un test vocacional que consistía en responder preguntas con multiple choice, que era la nueva manera de evaluar que festejábamos porque era más fácil sin tener que escribir y los docentes nos querían convencer de lo contrario como si fuéramos boludos. nunca nos dieron el resultado de ese test vocacional, pero nos regalaron un alfajor a cada uno al terminar de completarlo.
no sé dónde está mi pasión. todos los trabajos son trabajos, todo me aburre. hasta estudiar es un trabajo para mí. nunca quise ser futbolista, ni siquiera músico. tengo la flauta dulce del colegio tirada en un cajón, no puedo tocar ni el cumpleaños feliz. tampoco sé dibujar. ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice. un hombre para mí son palitos que conducen a una cabeza de círculo. tendría que haber ido a colegio industrial. ¡atención jóvenes del mundo! ¿quieren aprender cosas útiles? ¡vayan a un colegio industrial!
lo único que me atrapa es internet, pero tampoco soy nerd. chateo, miento descaradamente y me dejo mentir. le cuento mi vida a desconocidos que se vuelven fundamentales con sus consejos reales o de situaciones inventadas, pero al menos hay alguien del otro lado. no es tan distinto a la realidad y me siento protegido. soy un bicho que vive bajo una piedra y solo salgo cuando alguien levanta esa piedra.

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viernes, 11 de abril de 2014

las rayitas rojas del despertador dicen 03:30. desde hace días, cada vez que miro la hora, es capicúa. no puedo dormir. hace un calor insoportable, pero no es solo eso. no sé qué hacer. tengo ansiedad de algo pero no sé de qué. saldría a correr por el solo hecho de ir a alguna parte, pero ni siquiera puedo abrir la puerta de mi cuarto. además, afuera es un infierno. debería tener una de esas ruedas metálicas que tienen los hamsters, pero no la tengo y revuelvo mi cuarto, desordeno el orden de lourdes para que mi habitación vuelva a la normalidad. encuentro una tuca escondida adentro de un tubito de redoxón y mi hamster interno hace una pirueta. voy a la pc, muevo el mouse, el monitor se enciende y recibo esa luz en la cara como una iluminación divina del mundo virtual en el que siempre hay alguien del otro lado. veo conectada a la profesora de yoga de mi madre y de repente comienza a crecer en mi cabeza la idea de decirle hola, pero una ventanita con su nombre comienza a titilar.

Gabriela:
¡Ya sé que fuiste vos el del robo! ¡Entregate!

guille:
uh, me descubriste. hay que tener cuidado con los desconocidos.

Gabriela:
No me das nada de miedo, nene.

guille:
con este calor no se puede asustar a nadie. es todo tan irritante que en un rato cuando esté soñando se me aparece freddy krueger y lo mato a chancletazos.

Gabriela:
Está terrible. No puedo dormir y me fui de viaje.

guille:
eh?

Gabriela:
Estuve preparando caipirinhas desde la cena y ahora ya estoy en Brasil bailando samba así que haceme el favor de olvidarte de todo lo que hablemos.

guille:
yo estoy con el aire en 16, pero está insoportable. me vendría bien una caipi, me la tiro en la cara y me voy a ir a dormir a la heladera ¡que vuelva el invierno!

Gabriela:
Callate que seguro en invierno querés que sea verano.

guille:
noooo, odio a los que quieren que sea verano como si viviéramos en río de janeiro. vivimos en buenos aires. humedad y sudor ¡aguante el frío!

Gabriela:
Aguante que haga frío para tener que calentarse ¿no? Jajajaja, perdón.

guille:
lenguaje adulto y escenas de desnudez.

Gabriela:
¿Es horario de protección al pendejo?

guille dice:
sí, mejor me voy a pegar un mazazo en la cabeza para dormir.

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jueves, 3 de abril de 2014

robaron en el country.
me despertó una especie de cacareo de gallinas histéricas entrometiéndose en un sueño que ya no recuerdo. abrí los ojos y escuché voces. no pude distinguir lo que decían, pero no venían desde la casa. entraban desde mi ventana. puse la cabeza debajo de la almohada y, en silencio, todavía escuchaba a lo lejos esas voces. corrí las cortinas apenas, para espiar, y vi un grupo de vecinos que ya se alejaban de la puerta de la casa, caminaban como en una procesión en dirección el club house gesticulando.
salí de mi habitación en calzones, bajé la escalera hasta la mitad y mi madre hablaba por teléfono indignándose a los gritos. decía que no podía ser, que nos habíamos mudado acá por la seguridad y que ahora pasaba esto... me perdí en su conversación, cerré los ojos para escuchar mejor y nada, se ve que dejaba hablar a quien estaba del otro lado. a veces interrumpía: ¡a uruguay, claro!, dijo y comentó que seguro esta semana habría reunión de la comisión directiva del country: veremos qué dice medina del robo. hay que hacer algo.
volví a mi habitación pesado, mi boca era una caja de zapatos. todavía estaba abombado, medio dormido, pero atento para no romperme el dedo meñique contra la pata de la cama. la pc estaba prendida como siempre. busqué en los diarios digitales para ver si decía algo y encontré. las noticias corren rápido, mucho más en un country lleno de viejas. robo en un country. no decía el nombre del propietario por seguridad. en la casa no había nadie y se llevaron sólo dinero, tampoco decían la suma. el detalle de la nota era la descripción de lo que los ladrones habían hecho en la casa: comieron, bebieron, dejaron todas las canillas abiertas (como en mi pobre angelito, pensé) y les tiraron los sillones, la tv y varios muebles a la pileta.
prendí la tele y en el noticiero del canal de hubner, que era un periodista político, se volvió dueño de un canal y según mi madre vive en este mismo country, enfocaban en primer plano la pintada que hice por consejo de naty. ver mi letra horrible como si estuviera desangrando el asfalto me paralizó, podría haberme entrado un terodáctilo en la boca, pero al instante escuché que se la adjudicaban también a los ladrones. remarcaron el color rojo del aerosol y, con tono grave, entrelazando los dedos de las manos, en estudios centrales afirmaron que cabía la posibilidad de una lucha de clases. rodeado por mis vecinos vestidos para la ocasión, el notero prometió un ampliaremos robótico mientras al costado de la pantalla un pibe rubio sonreía y saludaba a cámara sin parar.

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domingo, 30 de marzo de 2014

vino naty. con ella pude transitar la casa completa por primera vez y descubrí el lujo en el que vivo al mismo tiempo. comencé a sentir una especie de vergüenza hasta que apareció mi madre y le reclamó que viniera más seguido, le preguntó por qué no había venido antes, le comentó que estaba más flaca, que el pelo le gustaba más así y remató diciendo que cuando ella está conmigo es la única manera de ver la familia completa. mi madre tiene delirios etílicos de familia. cuando era chico, me pedía que le diga tía a todas sus amigas de ese entonces y que hoy desaparecieron de la faz de la tierra. ahora, por más que esté todo mal, sigue inspirándose en la familia ingalls, construyendo un holograma de nosotros unidos y felices.
a la tarde fuimos a la pileta y volvió a insistir pero con una copa en la mano. naty la escuchaba tomando sol en bikini, acostada en la reposera, escondida en los lentes oscuros, el colgante de la estrella plateada le brillaba en el cuello reflejado por el sol. yo me tiraba por primera vez a la pileta, oyendo apenas y sumergiéndome hasta que eso dejara de pasar, pataleando fuerte para no escuchar, deseando morir ahogado o que el tiburón gigante que me atormentó en sueños durante toda mi infancia me devorara tiñendo el agua de rojo como una gran pileta de vino tinto en la que mi madre se tiraría un clavado ornamental.
ya de madrugada, después del sexo y su bajón extasiado, naty estaba apretándome un granito de la espalda. es un asco pero a ella le encanta. me ve uno y en cuanto puede, de repente, sin decirme nada, lo que comenzó como una caricia pasa a ser una tortura y presiona alrededor del grano diciéndome que es un toquecito, no te muevas porque es peor, ya está, ya está ¿ves? mirá, y me muestra la pus sonriente.
ojalá algún día pueda sacarme toda la pus que tengo adentro de mi cuerpo porque soy un reactor nuclear de odio despotricando contra el country, contra la gente que vive acá y casi no conozco, contra los de seguridad que vigilan hasta a una nena jugando en el pasto, contra las viejas pitucas vestidas de running que pasan caminando rápido por la puerta de casa olisqueando el chisme... contra todos. me quedo ciego despotricando y todo se vuelve una putrefacción espesa de la que después no sé salir.
así cansé a naty y me dijo: vení, vamos. ¿a dónde? pregunté mientras se ponía la pollera sin bombacha, la remera, agarró la cartera y vamos, vamos, repetía. salió de la habitación y yo quedé haciendo equilibrio mientras trataba de ponerme el jean. agarré las llaves del auto y cuando la alcancé, estaba abriendo la puerta de casa. me agarró de la mano y no fuimos al auto. era la primera vez que caminábamos en el country. en la calle no había un alma y había olor a pasto recién cortado. cuando pasamos el campo de golf, el aire libre me había despejado, alejarme de la zona de casas me dio una especie de paz. empezamos a bajar el ritmo de caminata y frené para besarla. me miró fijo y antes de chocar los labios, comenzó a buscar en la cartera. sacó un aerosol y me lo dio: escribí lo que pensás, me pidió señalando el asfalto.
todavía no puedo creerlo: en vez de un pintalabios, mi novia lleva un aerosol en la cartera.

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miércoles, 26 de marzo de 2014

la falta de luz solar influye negativamente en el estado de ánimo. eso me dijo mi psicóloga cuando le dije que, además de no poder dormir, a la noche me da una angustia abominable. no está enfocada en un hecho concreto. solo me siento mal, como con baja presión. sus consejos fueron: escuchá música o la radio y está en contacto con tus afectos. también me dijo que cansara mi cuerpo durante el día para llegar a la cama rendido, pero la actividad física no es para mí. espero que el motor de mi ansiedad trabajando tiqui tiqui en mi patita percutiendo el suelo sea suficiente.
me puse a buscar mis afectos en internet. no me culpen: soy de la generación que no usa el teléfono como un teléfono. veneramos al dios que inventó los mensajes de texto y el chat. ni naty ni ninguno de los pibes estaba conectado. de repente, un hola irresistible, ni siquiera llegué a poner música. la profesora de yoga de mi madre volvió a saludarme. se llama gabriela. esperaba que me dijera algo vinculado a mi madre, pero me preguntó si hacía ejercicio, si iba al gimnasio... llegó a decirme que hay que cuidar el cuerpo porque tenemos uno solo para toda la vida y blablablá. ni siquiera me dejaba terminar de escribir la respuesta a lo que me preguntaba que ya veía que ella escribía otra cosa más y otra y otra. sentí que me estaba por ofrecer tomar clases con ella y escribí: no soporto a los evangelistas de la salud. muchas veces me pasa que no toman en serio lo que digo, piensan que soy chistoso, irónico o algo así, no sé. tal vez por eso gabriela me escribió: jajaja, entonces voy a ser tu pesadilla, nene.
necesité cambiar de tema y le pregunté qué música estaba escuchando en ese momento: portishead. me sorprendió. imaginé a una mujer de la edad de mi madre escuchando portishead hundida en el sillón del living, volcándose vino tinto en la bata blanca, eructando en soledad. además, con todo ese optimismo que no le dejaba verme, esperaba que me recomendara alguna cosa hindú, cítaras de acá para allá con un negro rompiéndose las manos contra los tambores, pero no. no conocía portishead y en algún punto sentí era culpa del colo que siempre roba discos de bandas nuevas de la disquería del padre. algo pasa cuando alguien nombra una banda que no conozco. sé que pongo cara de no me importa, pero memorizo el nombre como un psicópata y después me fijo qué onda en internet. puse portishead. me preguntó qué me parecía: es para cuando barren el papel picado, un bajón dramático pero a la vez sensual. ¿te gustó o no? insistió. está bueno, pero soy demasiado sensible a la hora del cuetazo. me tengo que ir, dijo después gabriela, me alegra haber encontrado un hombre sensible, pensé que ya no había. me hizo reír.
me preocupa que un ser humano me caiga bien, pero fue así. terminé diciéndole que, cualquier cosa, si tenía un mensaje para mi madre que me lo mandara y yo se lo pasaba, que no hay problema.
soy alf, soy un felpudo adorable.

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miércoles, 19 de marzo de 2014

de repente empezó a sonar anxiety. me estaban llamando. esto es para mi psicóloga: mi teléfono suena con una canción que dice que la ansiedad me hace feliz. no sabía dónde estaba el celular, busqué y terminé encontrándolo debajo de la cama, adentro de una zapatilla. atendí rápido, desesperado por la ilusión de que fuera un llamado de naty, pero era mi madre perfumada con mi olor a pata rancio: te llamo porque estoy en casa pero desde temprano que no me abrís la puerta, comenzó reclamándome. me llamó la atención escucharla sobria. como si la cena del otro día no hubiera sucedido, me dijo: pasame tu dirección de e-mail porque yo no tengo y me van a mandar una info de yoga. de fondo, se escuchaba que alguien más hablaba. no era la voz de lourdes. estuve a punto de decirle que se abriera una cuenta, pero me imaginé el martirio esquizoide que eso implicaba para mí y algo en mi corazón, este tomate podrido que tengo en el pecho, me hizo darle mi dirección. un rato después, llegó el mail, lo imprimí y lo dejé pegado en la puerta de su habitación. cuando volví a la pc, esa misma dirección me dijo hola por chat. no contesté. lo único que falta es que quiera chatear con su nueva profesora desde mi pc. qué fastidio por dios.
ya no voy a esforzarme en hacerme el hombre recio que no soy, esperando que sea naty la que retome el contacto, un mensaje o un llamado, apenas una señal. cuando sonó la llamada de mi madre y yo busqué el teléfono desesperado como un perro que perdió su hueso, enterré mi estrategia, di por muerto al clint eastwood que nunca tuve dentro. ahora me voy a meter el orgullo en el culo y llamo a naty porque necesito verla. me importa un carajo que milite. si quiere que milite para el partido nazi y secuestre bebés recién nacidos para tirarlos a una fosa común con dragones hambrientos. necesito estar con ella, hacer el amor, inflar un forro como un globo y jugar pateándolo al techo para que no se caiga, que me haga rulito hasta que me duerma vencido como si viniera de la guerra.
tengo que ser sincero y destruir la tentación de ser héroe acá. no sé ninguna estrategia para nada, juego al TEG callado pero a lo bruto, un dado contra cinco entusiasmado, kamikaze. hago lo que puedo como puedo. por eso, cuando salí de la casa de mario con los pibes, fuimos un rato a la plaza y no pude contra el gordo tuñón, un ex compañero de colegio que vende anillos, colgantes, aros… es un busca que si llueve vende paraguas y si nieva, esquíes; vende faso también, a eso íbamos. fue el único que me preguntó por naty y le conté la distancia. ahí arrancó el oportunista del negocio, el rey del descuento. vos le podés decir que compraste una impresora, zapatillas, un kayak, lo que fuera, a un precio increíble, baratísimo, y a los dos minutos sentís que te cagaron, que él la conseguía a la mitad. siempre.
regalale algo, baratito eh, ahí está, decía mientras me mostraba un colgante. anillo no porque todavía no te queremos perder, tiró y le guiñó un ojo al colo. el colgante era el comienzo de algo. mi manera de decirle que está todo bien, que la quiero como sea, no sé, algo. ¿le gustará? le pregunté al gordo tuñón y me dijo que si quería podía cambiarlo, pero no era lo mismo y le salió del alma: si no le gusta, que finja, hermanito ¿cómo te va a decir que no le gusta? sería una desagradecida de mierda. después si no se lo pone nunca, vos no le vas a decir nada ¿o no? te hacés el gil y listo. además, lo que vale es la intención, hermanito.
terminé comprándole un colgante con una estrella de cinco puntas plateada. me parecía demasiado obvio, dudé y consulté al gordo tuñón con la mirada: sos un cagón pollerudo, me dijo mientras me lo envolvía.

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miércoles, 12 de marzo de 2014

fui a lo de mario. es la primera vez que salgo del country. volver a mi barrio me tomó una hora y media de viaje en auto. no se me hizo corto ni con one hot minute de los peppers, tocando la batería en el volante, todo.
mientras comenzaba a chocar los puños: ¿qué onda ricky ricón? ¿todo bien? ¿cómo anda el chico de country? ¿puedo jugar en tu vereda? no era casualidad que estuvieran los pibes. mario los llamó avisándoles que iba. hacía mucho que no los veía, extrañaba hasta su olor a chivo.
mario es más grande que nosotros. en el colegio era uno de los que estaban marcados como repetidores, tenía amonestaciones, había debutado, fumaba en el baño... hizo todo antes que nosotros. vivía en la parte de adelante de la casa de su abuela, nadie sabía nada de sus padres y era al único al que no se le preguntaba casi nada por una mezcla de respeto y miedo. me acuerdo que un verano nos llevó a la vía muerta de noche, sin decir nada, y sacó un chumbo y empezó a dispararle a un tren oxidado. algunos querían disparar y él les enseñó. yo no quise, pero sentí una adrenalina única. mario disparaba y no pestañeaba, apretaba los dientes y no se le movía un pelo. lo único que hice fue preguntarle de dónde lo había sacado: de la concha de tu hermana ¿querés disparar?
él era así, crudo. él es así. desde el comienzo ya se notaba que lideraba el grupo. de alguna manera siempre hacíamos lo que él hacía primero. cuando repitió tercero dejó el colegio, pero solo dejamos de verlo una vez: el colo le dijo que se creía dueño de nosotros, que hacíamos todo lo que él decía y que si no lo hacíamos éramos unos cagones. y tenía razón, pero le molestaba más a él que al resto porque se sentía opacado. se cagaron a puteadas y tuvimos que separarlos para que no se agarraran a trompadas. el colo era el que encaraba primero un grupo de minas y después caíamos nosotros, pero mario tenía esa cosa mercenaria de no tener ningún límite que nos apasionaba. algunos lo apoyamos, pero porque cuando no estaba mario lo seguíamos a él. además lo conocía del barrio, vivía en la esquina de casa y nuestras madres se llevaban bien. me dejaban quedarme a dormir en su casa.
pasaron dos meses en que mario dejó de venir a buscarnos a la salida del colegio con la aurorita plegable toda podrida que tenía. salíamos con nuestras cross y el colo llevaba una chica en los pedalines y alguna que otra vez uno de nosotros tenía suerte y llevaba alguna amiga y el sol brillaba y queríamos coger.
hasta que una tarde en la misma vía muerta, acompañamos al colo que se iba a pelear con uno de quinto porque le había comido la boca a su novia y cuando le estaban llenando la cara de trompadas y ninguno de nosotros se animaba a absolutamente nada porque nos veíamos cobrando igual que el colo, se escucharon dos disparos y apareció mario como un cowboy.
¿quieren comer plomo, forros? le preguntó a los de quinto que lo miraban cagados en las patas, uno salió corriendo incluso. me da risa ahora pero en ese momento tenía mucho miedo. sentía que era capaz de matarnos a todos. escuchenmé bien. vayansé a la concha de sus madres como el cagón ese que se va corriendo allá. la chiquita esa es de mi amigo, te veo cerca y te meto un tiro. cortita. tomenselá, dijo como solo él puede hablarle al mundo. todos nos quedamos helados unos segundos más y se puso peor: ¡vamos, mierdas! gritó y disparó al tren que los de quinto tenían atrás, se escuchó el ruido a chapa y salieron todos corriendo mientras mario sonreía como si todo fuera un juego o una película.
desde ese momento hasta hoy nunca más nos distanciamos. por eso había extrañado hasta ese colchón mugriento que hacía de sillón en el piso. loco live de fondo y migue tosiendo, intentando fumar con el agujerito de una llave como tuquero. me senté y me revolearon papel. armate una florcita, dale, dijo mario. migue lo puteó y comencé a demostrar mi talento para el armado con filtro y forma de bate de beisbol. la magia está intacta, festejó mario y se lo pasé a migue desafiándolo a prender ese éxito artesanal sin toser como un pelotudo. apaaaa la nena tiene la boca sucia, dijo.
hice un intento de comienzo de conversación: le tiré un ¿qué onda lo tuyo? al colo. sus viejos se cagaban a palos. a veces parecemos un grupo de autoayuda. tal vez ser amigos sea eso también, no sé. el colo contó que se había ido a las manos con el padre, que no estaba yendo a trabajar a la disquería y migue me lo preguntó de una: vos perdoname, eh, yo corto todo, me meto con vos que nunca contás nada, nosotros lo del colo ya lo sabemos: ¿cómo es que tu viejo de un día para otro tuvo tanta guita? ¿qué onda? ¿se ganó el loto? justo había terminado una canción y se hizo un silencio exagerado, fue un toque, pero me molestó el misterio.
-es político, testaferro, esa mierda.
los chicos se quedaron mudos o tuvieron piedad hasta que joey rompió el silencio con otro ¡one, two, three, four! mario puso el volumen al palo y todos cabeceamos la música más avasallante del universo conocido por el hombre.

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miércoles, 5 de marzo de 2014

jugué por primera vez al póquer con lourdes. fue todo un acontecimiento bajar la escalera en estos días de caracol que llevo dentro de mí mismo. me llamó la atención que ella supiera jugar porque en todos estos años que hace que trabaja en casa nunca me lo había dicho. es de pocas palabras y además casi siempre que hablé con lourdes hablamos de mí. ella es así, en todo. siempre importa el otro. es como si pusiera su bondad y nobleza al servicio de la humanidad.
yo mezclaba las cartas en la mesa y le pregunté cuándo había aprendido a jugar. me contó que fue de chiquita, en paraguay, que su papá era jugador y borracho. le gustaba la copa, dijo. cada vez que me tocaba repartir, sorprendida, entre la alegría y el lamento, decía: ¡no puedo creer tener tanta suerte! y al final terminó ganándome. para mantener las manos ocupadas en algo, volví a esa manía de mezclar y mezclar las cartas mientras le pregunté qué más recordaba de cuando era chiquita y me habló de sus hermanos. tenía 9 hermanos de los mismos padres. me pareció muchísimo. no me daba el tiempo para hacer y criar tantos hijos. sonrió cuando le pedí que me dijera sin repetir y sin soplar los nombres de todos en orden de nacimiento. a la mano siguiente, su cara cambió de repente: hace mucho que no los veo, no sé dónde están, dijo mirando la nada.
ella juntaba los porotos que habíamos usado para apostar; cada poroto era una moneda de 10 centavos. sentimos el ruido de la llave en la puerta y se paró inmediatamente a repasar la mesa. subiendo la escalera para volver a mi cuarto, le dije que después le bajaba los $30, 20 que le correspondían y terminó ofendiéndose: que no, que no es necesario, que qué se piensa usted, que si quería la chocolatada con tortitas negras ahora o un poquito más tarde.
a la noche, en este nuevo arrojo de salir de mi caparazón, me encontré cenando en familia, formando parte otra vez de ese triángulo del horror, la sala de tortura en la que convive el sadismo de mi padre, la falta de criterio de mi madre envalentonada por el vino, mis ganas de no haber nacido jamás y lourdes intentando curarnos como si fuera de la cruz roja.
¿qué te parece el country? preguntó mi madre pero al parecer la idea no era que yo respondiera. nosotros estamos muy contentos porque ahora no preocuparnos tanto por tu seguridad, la verdad es que estamos felices, o más, más que felices, porque... me trata como a un pendejito. mi madre todavía me habla como una maestra jardinera y se siente feliz ¡más que feliz! de haberme alejado de lo poco que quiero en este mundo.
me parece una mierda, dije cuando llegó a su primera pausa, mirando el plato de pastas. ¡una mierda! se indignó a los gritos: vos no sabés valorar nada de lo que nosotros te damos. me levanté para esconder la cara en la heladera, buscando algo para tomar que ya lourdes había puesto en la mesa. ni te das una idea del esfuerzo que representa para nosotros mudarnos acá. ¿nosotros? ¿nosotros qué? ¿si vos lo único que hacés es usar el sacacorchos? pensé.
mi padre masticaba con voracidad haciendo ruido. le sirvió más vino a mi madre y le subió el volumen a la gente entusiasmada de la tv. esa era su manera de sedarla. le pidió a lourdes que trajera otra botella más, cortó un pedazo de pan con el cuchillo, lo mojó en la salsa que tenía el gusto del amor y siguió comiendo.
en silencio, enrosqué los fideos dándole cuerda al reloj de la bomba de tiempo que daría fin a la tv, el vino, el día, la cena... una explosión atómica que nos libre de este campo minado que llamamos familia.

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miércoles, 26 de febrero de 2014

tengo que ver al mario. la latita está vacía hace unos días y lo llamé. me dijo que yo solo me acordaba de él cuando me faltaba el barrilete: espero que no andes comprando pastillas, ahora que estás rodeado de chetos, por ahí te gustan las pastillas, marica. venite, dale. era hora de que pasaras por casa, culo con leche.
no tomo pastillas. él tampoco, pero siempre le está comprando a otro. siempre hace lo que otros no se animan a hacer. yo no tomo porque desde chiquito me costaba tragarlas. a la ritalina me la rompían apretándola entre cucharas y después la disolvían con agua y azúcar para que pudiera tragarla. debería andar con una remera que diga: soy un llorón malcriado, quieranmé igual.
con la moda por las fiestas electrónicas y todo eso, me enteré por internet que algunos drogones se meten pastillas por el culo porque dicen que así les sube más rápido a la cabeza. yo sabía del cartón en el ojo, pero eso de meterse una pastilla por el culo es demasiado. a mí, por popa, nada.
yo fumo marihuana y hacerlo sin que me dijeran nada resultó fácil. entre el vino tinto, la risperidona y otras pastillas, tenés que tener mucha suerte para encontrar a mi madre sobria, y además, tiene carne crecida en la nariz. yo podría fumarme a bob marley envuelto en una sábana que ni se enteraría. con mi padre, sólo bastó con que lo viera en su auto con otra mujer. lo descubrí estacionado a unas cuadras de la facultad y me acerqué. la otra mujer con cara de miedo le hizo señas como si yo fuera un limpiavidrios o un trapito cuidacoches, le toqué el vidrio de conductor y me miró helado. cuando me iba, pasó por mi cabeza de inocente palomita no girar y esperar que viniera corriendo detrás mío como si la vida real fuera una telenovela, pero no.
esa misma noche, casi de madrugada, estaba fumándome el digestivo después de cenar seguro de que ellos ya dormían y abrió la puerta de mi habitación sin tocar. todavía vivíamos en la otra casa y yo no estaba precisamente llorando por los lazos familiares rotos. naufragaba en internet, algunas ventanitas titilaban y mi habitación era un sauna de faso. desde este día cierro la puerta de mi cuarto con llave.
mi padre había venido a darme las explicaciones del caso o a mentirme, a esta altura da igual, pero, cuando me vio, se le desordenó la cara. yo quedé embalsamado. pensé que iba a cortarme la cabeza y ponerla arriba del respaldo de su cama, pero no dijo nada. se calló seguro de que abrir su boca conmigo era nada al lado de que yo abriera la mía con mi madre. mi porro humeante no se rendía y desafiaba desde la latita, cuando palo y astilla hicimos lo que mejor sabíamos hacer juntos: evitar el diálogo. esos segundos bastaron para hacer un pacto de miradas hipócritas. yo no le diría nada a mi madre y él tampoco. él no haría lo suyo delante de mi madre y yo tampoco lo mío. fácil. cerró despacio, sigiloso como siempre, y volví a ver en la puerta el póster de nevermind. el bebé persiguiendo el dólar bajo el agua me tranquilizó.
días después, a la mañana, mi madre tocó la puerta de mi habitación durante un rato. me despertó y yo no abría, hasta que empezó a gritar. pensé que el hijo de puta me había delatado y tendría que hablar en detalle del olor de su mierda, pero la pura verdad es que no estaba preparado para hablar. nunca lo estoy. mucho menos recién despierto y frente a mi madre. cuando abrí, me dijo pícara que tenía que ver lo que había pasado en la puerta de casa, se hacía la misteriosa. pregunté qué era mientras me cambiaba. me habían regalado un auto 0 km y acepté el soborno encantado porque soy lo peor.

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miércoles, 19 de febrero de 2014

todo este tiempo sin vernos es porque ahora naty milita. hace meses que lo hace y no me lo había dicho. no me animé, me dijo por chat. sabía que me iba a caer para la mierda lo de la política y me cayó para la mierda. futurología, divino tesoro. me desconecté de repente porque soy una máquina de tragar mi propio odio y amasar mis futuros tumores malignos en soledad.
no se puede confiar en ningún político, natalia. son todos unos hijos de puta. ¡vivo con uno, yo se lo que te digo! no, natalia, no sé creer en un mundo mejor. ¿no ves que está todo cada vez más podrido? ¿no ves que nosotros también estamos podridos? no sé creer en nada ni en nadie. como atún cada vez que puedo, no me importan los putos delfines. pero vos andá, militá porque es lo que hacen todos en esa universidad de mierda y fumá un porro por primera vez con otro, dale, andá a cambiar el mundo con esa cara de ilusión, natalia, dale, prendamos fuego la bandera yanqui y tus zapatillas nike, boluda.
no la voy a llamar. el silencio es el lugar más seguro entre nosotros.

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miércoles, 12 de febrero de 2014

mi psicóloga comenzó a leerme. me dijo que se sorprendió al ver lo que escribo en internet haciendo pública mi vida: pasaste a la pérdida total de la intimidad. remarcó que no era la idea pero que respetaba mi decisión. le pregunté cómo me veía y otra vez caí en su trampa: ¿cómo te ves vos? me devolvió la pregunta. después me explicó que es prematuro trabajar sobre lo que escribo: eso va a salir de a poco en las sesiones. ahora, preocupate más por encontrar tu espacio ahí.
mi espacio acá es mi cuarto. desde que nos mudamos que casi no salgo de mi habitación. no quiero. no puedo. acá licuo mi enojo con la realidad mirando el techo, declarándole la guerra al mundo en silencio. amanezco a las tres de la tarde. almuerzo a las cinco. ceno tardísimo comida que ni siquiera caliento en el microondas porque me da paja. los fideos fríos parecen de plástico. todo pasa en mi habitación, con la puerta cerrada con llave y a penas la luz del velador. de vez en cuando toca la puerta mi madre y no respondo, me hago el dormido.
me cuesta dormir más que antes. el silencio es ansiedad. de chico, cuando no podía dormir, lloraba como si no fuera a lograrlo nunca más. ahora la línea de luz que está debajo de la puerta y el sonido de pisadas en la escalera me inquietan. imito la posición fetal de otras noches y no puedo. doy vueltas, pruebo de un lado, de otro, boca abajo, boca arriba y nada. será que extraño el motor fundido del 146 entrando por mi ventana a toda hora, no sé.
hace más de un año dejé el rivotril. me despertaba hecho un zombie. me sentía como suspendido, estupidizado. ahora para relajarme y poder dormir me receté fumar marihuana. mi psicóloga lo sabe y no lo aprueba del todo. fumo unas secas, pongo un disco, que estos días es the night de morphine (el último regalo que me hizo naty) y en algún momento me duermo con los auriculares puestos.
ahora mismo es de madrugada y con la luz apagada me paro con mi pecho raquítico y en calzoncillos frente a mi ventana. hoy vi luces que se movían cerca del campo de golf. eran linternas, pero de lejos parecían luciérnagas. una vez comentamos con los pibes que ya no había luciérnagas y ayer pensaba que en un lugar alejado como éste tendría que haber, pero no, tampoco. antes, cuando éramos pendejos, se veían en capital y después desaparecieron. pensé que podía ser por el ruido, pero acá hay un silencio de cementerio y nada.
no sé. los dueños del country podrían importar luciérnagas de algún sitio donde sí haya ¿no? un barrio privado vip debería tener servicio de luciérnagas y además una hermosa huerta orgánica canábica. algo bien parado. no como esta porquería que, en vez de relajarme para poder dormir de una vez, me aprieta la cabeza como una morsa.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

hace más de un mes que nos mudamos y todavía naty no vino. sigo abriendo cajas y ordenando cosas. recién desenfundé la guitarra. tiene una cuerda rota, está sucia, descuidada. hace mucho que no toco. toco mal, pero toco.
aprendí tocando con el colo en los fogones de aquel viaje “de estudios” al sur en los que nos emborrachábamos por primera vez con whisky trucho a orillas del lago puelo. ahí fue cuando conocí a los ramones. el colo rompió las bolas todo el viaje con un casete gastadísimo que se escuchaba horrible. estaban los cuatro en la tapa. el disco tenía el nombre de la banda, nada más. el colo dice que los discos que tienen el nombre de la banda son los mejores discos de esas bandas porque son los más crudos. me acuerdo que cuando volvimos me lo grabó encima de uno de valeria lynch que era de mi madre y me enseñó el truco de la cinta scotch en los agujeritos del casete. el viaje en micro fue eterno y los demás estaban hartos pero el comienzo del disco con hey! ho! let’s go! era irresistible y hasta las chicas pogueaban. cuando el chofer se cansaba ponía nino bravo y terminé cantándolos de memoria: a los ramones y a nino bravo.
una noche de fogón, yo seguía como podía al colo que gritaba en un inglés asqueroso y cuando pensaba que pocas veces en mi vida podría repetir momentos de mayor vergüenza que ese, levanté la vista y vi que las chicas no se iban. terminamos el primer tema y aplaudieron. paramos y pidieron otra. ¡otra! ¡otra! ¿cuánto podía durarnos? sabíamos pocos temas y metíamos pausas eternas entre canciones mirando el lago poniendo cara de reflexivos.
el viento frío nos hizo llegar el olor a porro desde algún otro fogón. nos llamaba la atención. los profesores se hacían los boludos y nosotros sonreíamos al darnos cuenta pero todavía no habíamos probado. al colo le pedían canciones en castellano y se enojaba. yo imitaba los acordes tarde, como podía, las iba aprendiendo en el momento y sonaba todo horrible y cantábamos peor, pero a ellas les gustaba, se dejaban llevar, se reían y cantaban. pedían liiiiiiibre de nino bravo y era un hitazo infinito, aplaudían, se secreteaban y queríamos extender ese momento para siempre. cuando volví a levantar la vista cada vez había menos gente. los profesores se habían ido a dormir y los pocos que quedaban se durmieron entre frazadas y nosotros, con el colo, quedamos solos, en silencio. agarramos entre los dos otro tronco grande, lo tiramos en el fuego y nos quedamos mirándolo consumirse de a poco como si fuera la televisión hasta dormirnos.
una de esas noches repetidas pero únicas, una de las pocas chicas que se quedó a escucharnos hasta tarde era una flaca hermosa de piel blanquísima, tenía la cara increíble de un bebé recién nacido o un hada y el pelo corto como un pibe. era la única que tenía el pelo corto. esa era naty. como algunos dormían, me acuerdo que hizo chasquear los dedos como si fueran aplausos al final de la hija del fletero y por primera vez sentí que una chica me miraba como dándome una señal de atracción telepática ultrasónica infinita.
tomé licor de dulce de leche para animarme y un rato después le dije al colo que me dolían los dedos. agarré la botella de tres plumas que teníamos escondida en una campera, robé una frazada, me putearon y me senté al lado de naty. le ofrecí que venga a mi frazada y nos abrazamos fuerte. hacía frío y tomábamos juntando valor. con las mejillas pegadas, me dijo que nunca había besado a nadie antes. yo tampoco, pero no dije nada.

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miércoles, 29 de enero de 2014

me siento solo. pensé que esto era para una vieja viuda acariciando un gato sentada en el sillón, pero vivir en este country es insoportable. desde que llegamos, todo va muy lento. escucho ruido en la planta baja. mi madre grita órdenes poseída por el führer y sé que lourdes va de acá para allá limpiándolo todo. los fleteros siguen trayendo cosas.
extraño. siento la distancia en mi pecho como una mezcla de vacío y paro cardíaco. antes, en mi barrio, invitaba a los pibes, jugábamos al pool, nos tirábamos a la pileta, un póquer, un metegol... pero ahora nadie tiene tiempo para venir hasta acá. ni siquiera naty. es raro, algo pasa con ella y no sé qué es. mejor dicho: algo no pasa. si yo no la llamo, ni me llama. tengo el síndrome de la vieja viuda, necesito que me llamen.
todavía me quedan varias cajas sin abrir. veo el cartel de NO TOCAR que escribí con bronca en todas las que tienen mis cosas. no me banco. necesito no estar acá conmigo. abro una de las cajas que tiene escrito NO TOCAR. FRÁGIL. DISCOS. revuelvo los cds y encuentro una tuca.
prendo la pc para ver si hay alguien y pongo mondo bizarro de los ramones al palo como si eso me acercara a los pibes.
nunca fui buena compañía para mí.

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miércoles, 22 de enero de 2014

alejarse de lo que uno comprende como propio es sumamente traumático. me lo dijo mi psicóloga. después me adelantó que para este cambio en mi vida tenía un nuevo método de trabajo: necesitamos que te saques todo de adentro. escribir te va a ayudar mucho, creéme.
¿pero qué escribo? pregunté. lo que sientas. pero hay veces en que no sé lo que siento. bueno, escribí lo que sientas, y cuando no sabés qué sentís, escribí lo que te pasa, los hechos cotidianos, cosas que recuerdes de tu infancia, todo. vos descargá, me dijo.
de chico era insoportable y leía todo. me acuerdo que estaba fascinado por haber aprendido a leer. leía todos los carteles de la calle cuando caminábamos o íbamos en auto. incluso mi madre siempre me daba los manuales de instrucción de los electrodomésticos para saber cómo funcionaban y para que me callara un poco. también me daba ritalina porque en el colegio tenía problemas de atención. molestaba en clase, era demasiado inquieto. un mal día le clavé un compás en la mano a un compañero que tenía la sana costumbre de escupirme. entonces, citaron a mis padres, psicopedagoga, psiquiatra y pastillita a la fuerza corriéndome por la casa a los gritos.
me acuerdo que en las clases de lengua tenía una profesora con las uñas muy sucias. casi todos los lunes nos pedía composiciones de lo que habíamos hecho el fin de semana y cosas por el estilo para que ella pudiera leer un rato e incluso algunas veces quedarse dormida. entonces, yo mentía salidas de pic nic, jugar al fútbol con mi padre y un perro labrador dorado brillando con los rayos del sol trayéndome la pelotita o que íbamos al parque de la costa de la mano pero todo terminaba con un ataque de zombies en el que todos moríamos y aunque “no era lo requerido” tampoco la nota era mala.
pero eso ya fue. ahora, de un día para otro, nos mudamos a este country privado. año nuevo, casa nueva, dijo mi madre, sonriente, como si fuera una publicidad. en mi barrio ya tenía todo y en definitiva ya me había acostumbrado a eso de ser un chico bien. además, tenía lo poco que para mí vale la pena: estaba cerca de los pibes y de naty.
acá todos nos miran como si fuéramos piojos resucitados y todavía ni nos dieron tiempo para demostrar que tienen razón.

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