miércoles, 22 de enero de 2014

alejarse de lo que uno comprende como propio es sumamente traumático. me lo dijo mi psicóloga. después me adelantó que para este cambio en mi vida tenía un nuevo método de trabajo: necesitamos que te saques todo de adentro. escribir te va a ayudar mucho, creéme.
¿pero qué escribo? pregunté. lo que sientas. pero hay veces en que no sé lo que siento. bueno, escribí lo que sientas, y cuando no sabés qué sentís, escribí lo que te pasa, los hechos cotidianos, cosas que recuerdes de tu infancia, todo. vos descargá, me dijo.
de chico era insoportable y leía todo. me acuerdo que estaba fascinado por haber aprendido a leer. leía todos los carteles de la calle cuando caminábamos o íbamos en auto. incluso mi madre siempre me daba los manuales de instrucción de los electrodomésticos para saber cómo funcionaban y para que me callara un poco. también me daba ritalina porque en el colegio tenía problemas de atención. molestaba en clase, era demasiado inquieto. un mal día le clavé un compás en la mano a un compañero que tenía la sana costumbre de escupirme. entonces, citaron a mis padres, psicopedagoga, psiquiatra y pastillita a la fuerza corriéndome por la casa a los gritos.
me acuerdo que en las clases de lengua tenía una profesora con las uñas muy sucias. casi todos los lunes nos pedía composiciones de lo que habíamos hecho el fin de semana y cosas por el estilo para que ella pudiera leer un rato e incluso algunas veces quedarse dormida. entonces, yo mentía salidas de pic nic, jugar al fútbol con mi padre y un perro labrador dorado brillando con los rayos del sol trayéndome la pelotita o que íbamos al parque de la costa de la mano pero todo terminaba con un ataque de zombies en el que todos moríamos y aunque “no era lo requerido” tampoco la nota era mala.
pero eso ya fue. ahora, de un día para otro, nos mudamos a este country privado. año nuevo, casa nueva, dijo mi madre, sonriente, como si fuera una publicidad. en mi barrio ya tenía todo y en definitiva ya me había acostumbrado a eso de ser un chico bien. además, tenía lo poco que para mí vale la pena: estaba cerca de los pibes y de naty.
acá todos nos miran como si fuéramos piojos resucitados y todavía ni nos dieron tiempo para demostrar que tienen razón.

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