miércoles, 12 de marzo de 2014

fui a lo de mario. es la primera vez que salgo del country. volver a mi barrio me tomó una hora y media de viaje en auto. no se me hizo corto ni con one hot minute de los peppers, tocando la batería en el volante, todo.
mientras comenzaba a chocar los puños: ¿qué onda ricky ricón? ¿todo bien? ¿cómo anda el chico de country? ¿puedo jugar en tu vereda? no era casualidad que estuvieran los pibes. mario los llamó avisándoles que iba. hacía mucho que no los veía, extrañaba hasta su olor a chivo.
mario es más grande que nosotros. en el colegio era uno de los que estaban marcados como repetidores, tenía amonestaciones, había debutado, fumaba en el baño... hizo todo antes que nosotros. vivía en la parte de adelante de la casa de su abuela, nadie sabía nada de sus padres y era al único al que no se le preguntaba casi nada por una mezcla de respeto y miedo. me acuerdo que un verano nos llevó a la vía muerta de noche, sin decir nada, y sacó un chumbo y empezó a dispararle a un tren oxidado. algunos querían disparar y él les enseñó. yo no quise, pero sentí una adrenalina única. mario disparaba y no pestañeaba, apretaba los dientes y no se le movía un pelo. lo único que hice fue preguntarle de dónde lo había sacado: de la concha de tu hermana ¿querés disparar?
él era así, crudo. él es así. desde el comienzo ya se notaba que lideraba el grupo. de alguna manera siempre hacíamos lo que él hacía primero. cuando repitió tercero dejó el colegio, pero solo dejamos de verlo una vez: el colo le dijo que se creía dueño de nosotros, que hacíamos todo lo que él decía y que si no lo hacíamos éramos unos cagones. y tenía razón, pero le molestaba más a él que al resto porque se sentía opacado. se cagaron a puteadas y tuvimos que separarlos para que no se agarraran a trompadas. el colo era el que encaraba primero un grupo de minas y después caíamos nosotros, pero mario tenía esa cosa mercenaria de no tener ningún límite que nos apasionaba. algunos lo apoyamos, pero porque cuando no estaba mario lo seguíamos a él. además lo conocía del barrio, vivía en la esquina de casa y nuestras madres se llevaban bien. me dejaban quedarme a dormir en su casa.
pasaron dos meses en que mario dejó de venir a buscarnos a la salida del colegio con la aurorita plegable toda podrida que tenía. salíamos con nuestras cross y el colo llevaba una chica en los pedalines y alguna que otra vez uno de nosotros tenía suerte y llevaba alguna amiga y el sol brillaba y queríamos coger.
hasta que una tarde en la misma vía muerta, acompañamos al colo que se iba a pelear con uno de quinto porque le había comido la boca a su novia y cuando le estaban llenando la cara de trompadas y ninguno de nosotros se animaba a absolutamente nada porque nos veíamos cobrando igual que el colo, se escucharon dos disparos y apareció mario como un cowboy.
¿quieren comer plomo, forros? le preguntó a los de quinto que lo miraban cagados en las patas, uno salió corriendo incluso. me da risa ahora pero en ese momento tenía mucho miedo. sentía que era capaz de matarnos a todos. escuchenmé bien. vayansé a la concha de sus madres como el cagón ese que se va corriendo allá. la chiquita esa es de mi amigo, te veo cerca y te meto un tiro. cortita. tomenselá, dijo como solo él puede hablarle al mundo. todos nos quedamos helados unos segundos más y se puso peor: ¡vamos, mierdas! gritó y disparó al tren que los de quinto tenían atrás, se escuchó el ruido a chapa y salieron todos corriendo mientras mario sonreía como si todo fuera un juego o una película.
desde ese momento hasta hoy nunca más nos distanciamos. por eso había extrañado hasta ese colchón mugriento que hacía de sillón en el piso. loco live de fondo y migue tosiendo, intentando fumar con el agujerito de una llave como tuquero. me senté y me revolearon papel. armate una florcita, dale, dijo mario. migue lo puteó y comencé a demostrar mi talento para el armado con filtro y forma de bate de beisbol. la magia está intacta, festejó mario y se lo pasé a migue desafiándolo a prender ese éxito artesanal sin toser como un pelotudo. apaaaa la nena tiene la boca sucia, dijo.
hice un intento de comienzo de conversación: le tiré un ¿qué onda lo tuyo? al colo. sus viejos se cagaban a palos. a veces parecemos un grupo de autoayuda. tal vez ser amigos sea eso también, no sé. el colo contó que se había ido a las manos con el padre, que no estaba yendo a trabajar a la disquería y migue me lo preguntó de una: vos perdoname, eh, yo corto todo, me meto con vos que nunca contás nada, nosotros lo del colo ya lo sabemos: ¿cómo es que tu viejo de un día para otro tuvo tanta guita? ¿qué onda? ¿se ganó el loto? justo había terminado una canción y se hizo un silencio exagerado, fue un toque, pero me molestó el misterio.
-es político, testaferro, esa mierda.
los chicos se quedaron mudos o tuvieron piedad hasta que joey rompió el silencio con otro ¡one, two, three, four! mario puso el volumen al palo y todos cabeceamos la música más avasallante del universo conocido por el hombre.

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