domingo, 30 de marzo de 2014

vino naty. con ella pude transitar la casa completa por primera vez y descubrí el lujo en el que vivo al mismo tiempo. comencé a sentir una especie de vergüenza hasta que apareció mi madre y le reclamó que viniera más seguido, le preguntó por qué no había venido antes, le comentó que estaba más flaca, que el pelo le gustaba más así y remató diciendo que cuando ella está conmigo es la única manera de ver la familia completa. mi madre tiene delirios etílicos de familia. cuando era chico, me pedía que le diga tía a todas sus amigas de ese entonces y que hoy desaparecieron de la faz de la tierra. ahora, por más que esté todo mal, sigue inspirándose en la familia ingalls, construyendo un holograma de nosotros unidos y felices.
a la tarde fuimos a la pileta y volvió a insistir pero con una copa en la mano. naty la escuchaba tomando sol en bikini, acostada en la reposera, escondida en los lentes oscuros, el colgante de la estrella plateada le brillaba en el cuello reflejado por el sol. yo me tiraba por primera vez a la pileta, oyendo apenas y sumergiéndome hasta que eso dejara de pasar, pataleando fuerte para no escuchar, deseando morir ahogado o que el tiburón gigante que me atormentó en sueños durante toda mi infancia me devorara tiñendo el agua de rojo como una gran pileta de vino tinto en la que mi madre se tiraría un clavado ornamental.
ya de madrugada, después del sexo y su bajón extasiado, naty estaba apretándome un granito de la espalda. es un asco pero a ella le encanta. me ve uno y en cuanto puede, de repente, sin decirme nada, lo que comenzó como una caricia pasa a ser una tortura y presiona alrededor del grano diciéndome que es un toquecito, no te muevas porque es peor, ya está, ya está ¿ves? mirá, y me muestra la pus sonriente.
ojalá algún día pueda sacarme toda la pus que tengo adentro de mi cuerpo porque soy un reactor nuclear de odio despotricando contra el country, contra la gente que vive acá y casi no conozco, contra los de seguridad que vigilan hasta a una nena jugando en el pasto, contra las viejas pitucas vestidas de running que pasan caminando rápido por la puerta de casa olisqueando el chisme... contra todos. me quedo ciego despotricando y todo se vuelve una putrefacción espesa de la que después no sé salir.
así cansé a naty y me dijo: vení, vamos. ¿a dónde? pregunté mientras se ponía la pollera sin bombacha, la remera, agarró la cartera y vamos, vamos, repetía. salió de la habitación y yo quedé haciendo equilibrio mientras trataba de ponerme el jean. agarré las llaves del auto y cuando la alcancé, estaba abriendo la puerta de casa. me agarró de la mano y no fuimos al auto. era la primera vez que caminábamos en el country. en la calle no había un alma y había olor a pasto recién cortado. cuando pasamos el campo de golf, el aire libre me había despejado, alejarme de la zona de casas me dio una especie de paz. empezamos a bajar el ritmo de caminata y frené para besarla. me miró fijo y antes de chocar los labios, comenzó a buscar en la cartera. sacó un aerosol y me lo dio: escribí lo que pensás, me pidió señalando el asfalto.
todavía no puedo creerlo: en vez de un pintalabios, mi novia lleva un aerosol en la cartera.

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