jueves, 22 de mayo de 2014

en la cena, casi el único momento que compartimos, mis padres me dijeron que si no estudio tengo que trabajar. en realidad lo dijo mi madre mientras mi padre asentía como esos perros chinos de juguete que mueven la cabeza. no contesté. por dentro festejé, iluso, como si trabajar fuera genial, contento porque este año no voy a estudiar.
cuando me desperté, tenía un sobre debajo de la puerta de mi habitación y un diario. cerrar la puerta con llave para que no me vuelvan a encontrar fumando me pareció primero el respeto a mi intimidad, algo de confianza. pero la verdad es que a nadie le importa si me suicido o prendo fuego todo escuchando black sabbath. están convencidos de que soy inofensivo y me da bronca. mi madre había escrito en el sobre “COMPRATE UN TRAJE”. el diario tenía englobado en rojo los trabajos que ella consideraba que se adaptaban a mí. ella, que tiene como mayor éxito laboral vender cuatro cremas de avón a sus amigas, era ahora mi jefa. me indicaba cómo tenía que vestirme y dónde tenía que trabajar.
mi única experiencia laboral fue en un call center de telefonía celular en martínez. había buscado un trabajo por la menor cantidad de horas posible para juntar plata para las vacaciones con los pibes sin pedirle a mis padres, que cada vez que me daban plata querían gobernar poco a poco mi vida. en ese momento se negaron a que trabajara pero lo hice igual. me acuerdo que fui a la entrevista con la camisa blanca, el jean y los zapatos leñadores que usaba en el colegio. eso era todo lo que yo estaba dispuesto a ponerme para estafar a una empresa durante un tiempo. no tenía experiencia en nada. estaba recién salido de la secundaria.
el call center era una especie de laberinto para ratas de experimento. gente muy joven metida en boxes, sentada en una silla, hablando al mismo tiempo. ahí trabajábamos nosotros como colchón de gente entre la empresa y el cliente. era simple: los clientes odiaban a la empresa y por eso nos odiaban a nosotros. de hecho, terminando la primera semana, ya había insultado a un cliente y sumé dos puntos más porque además era abogado. después de una charla larguísima en que me insultó, llegó a pedirme el nombre y amenazarme con que era abogado, me acuerdo que exploté y le dije: ¿sos abogado? ¡entonces me chupa los DOS huevos! terminé de gritar eso y sentí cómo el silencio del call center me serruchaba la nuca.
cuando terminó mi día, mi supervisor, uno de esos tipos que te dice que sos la persona más inservible del mundo con la cara de la virgen maría, me llamó para conversar personalmente: escuchamos el llamado y el cliente es muy mal educado, es cierto, pero tenés que controlar la situación. en primer lugar, no debés tomarlo personal porque los clientes en realidad no están dirigiéndose a vos sino a la empresa. en esos casos tenés que cortar la conversación diciéndole que no podés continuar en esos términos y que, de todas formas, le deseás que tenga buenos días. tuve ganas de recagarlo a puteadas: no lo tomes a mal, no te insulto a vos, insulto a las políticas de la empresa, deseame buenos días, dale, pero no. aguanté porque necesitaba la plata y no me echaron.
el resto del mes fui una ameba autómata deseando buenos días y buenas tardes, aceitando la máquina del maltrato. pero nos daban premios. oh, sí. había dos premios que podíamos ganar: (1) el premio por velocidad de atención, para que el cliente tuviera una solución rápida y efectiva, y (2) el premio por calidad de atención, para que el cliente se sacara todas las dudas de su puto celular. es decir, que no podías ganar los dos premios económicos jamás porque a mayor calidad, menos velocidad y welcome to the jungle, engendro inservible. ahora lo recuerdo porque lo había borrado de mi cabeza: lo peor de todo todo todo era que cada dos minutos tenía que decirle a un cliente mi nombre de fantasía, que era nada menos mi desagradable segundo nombre. ningún lugar en el que te cambien el nombre puede ser un buen lugar.
ayer, yo me iba y mi madre ya borracha le gritaba a lourdes: ¡esta casa es una mugre, se-ño-raaa! ¡¿cuántas veces se lo tengo que decir, se-ño-raaa?! pero cuando bajé la escalera me vio con el diario en la mano se regocijó. habrá pensado que iba a cumplir todos sus deseos del hijo obediente, que no lloré tapando los gritos con la almohada de mi cama por la impotencia insoportable que me genera vivir así, con gente así, y no saber qué hacer con este vacío en el pecho.
con la plata que había dentro del sobre, publiqué un anuncio en el diario. cuando me levanté, bajé a la cocina y vi que en el diario publicado el aviso. lo encerré en un círculo rojo y lo dejé en la mesa de la cocina.

Joven fracasado se ofrece para mucamo cama adentro de vieja rica que no sea su madre.

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jueves, 15 de mayo de 2014

Gabriela dice:
No parecés tan pendejo vos.

guille dice:
vos tampoco sos tan vieja.

Gabriela dice:
Ah, mirá qué simpático. El nene descubrió el sarcasmo.

guille dice:
jajajaja

Gabriela dice:
Es como cuando los bebés descubren su propia lengua.

guille dice:
antes era un nene, ahora soy un bebé. soy una máquina de retroceder en el tiempo. falta muy poco para que me digas que soy un feto.

Gabriela dice:
No seas tonto. Con esto de que vos no sos tan pendejo y yo no soy tan vieja, hay dos posibilidades: o vos estás avejentado o yo estoy apendejada.

guille dice:
según vos, yo soy un bebé que acaba de descubrir su propia lengua. debés estar retrocediendo en el tiempo como yo.

Gabriela dice:
¿Por?

guille dice:
no sé, me llamás la atención, en general, la gente grande me fastidia, no me hace reír ni escucha portishead.

Gabriela dice:
Lo que pasa es que siempre chateamos de madrugada y te agarro dormido ¿Y vos qué escuchas? ¿Qué estás escuchando ahora? No mientas para hacerte el canchero, eh.

guille dice:
estoy en random, puede ser cualquier cosa. qué lindo vivir en random y que pueda pasar cualquier cosa.

Gabriela dice:
¡¿Qué estás escuchando?! No quiero excusas ni tu filosofía barata. Quiero ver los muertos de tu placard, nene.

guille dice:
el random cayó en elvis y de repente comienzo a volverme viejo. muy viejo. tengo mil años y puteo por todo. alcanzame la chata.

Gabriela dice:
¡Hereje! ¡A la hoguera! Elvis no tiene tiempo. Es nuestro amante eterno. No existe una sola mujer a la que no le guste Elvis.

guille dice:
bueno, calmate.

Gabriela dice:
¡Elvis está vivooo!

guille dice:
arranqué blasfemando porque mi madre me pidió prestado el mail para que vos le mandes info de tus clases de yoga y de repente veo que me estás atando una vincha de elvis en la cabeza. algo no anda bien.

Gabriela dice:
Te dije que iba a ser tu pesadilla, nene.

guille dice:
sos la última persona con la que hablo antes de dormir así que por ahí...

Gabriela dice:
Mirá que me meto en tus sueños y no me para nadie, eh.

guille dice:
jajaja, como en esas películas pornosoft que uno le ponen una vincha supersónica futurista (en mi caso una vincha que dice elvis), toca un botón y como que sueña con una persona y bueno, ya sabemos todo lo que pasa entre ellos.

Gabriela dice:
Vos me querés hacer el bocho.

guille dice:
LO QUE?

Gabriela dice:
Aaaaaay, en cada palabra que digo se me cae el DNI. No te gastes. Ya es tarde. Empecé sin vos.

guille dice:
le voy a contar a mi mamá

Gabriela dice:
Todavía no le digas nada. Cuando tenga que llamar a la policía por acoso, decile.

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miércoles, 7 de mayo de 2014

ahora me cuenta todo lo vinculado a su militancia: nos juntamos cerca del congreso, vamos a terminar de hacer unas banderas, me escribió en el chat cuando le dije de vernos. contuve mis celos, apreté los dientes. que no me cuente me daba celos, ahora me da celos que me cuente. cuando se desconectó, pensé en ir, acercarme para apoyarla, no sé. creo que ya está todo bien, pero manejar dos horas para pasarla a buscar por donde se junta con sus compañeros de militancia, sumado al colgante de la estrella de cinco puntas que le regalé, es decirle, con todas mis limitaciones, que la acepto en su nueva versión revolucionaria.
manejar en ruta hacia capital me hizo pensar. debería vivir manejando en ruta para entender por qué a naty le ocupa tanto tiempo la política, militar para un partido. escuchando modern life is rubbish de blur, tuve una especie de revelación: blur es la evolución de los clash pero con soda pop. sé que eso no le importa a nadie, pero fue eso lo que me llevó tiempo atrás al video coffee and tv y la lechita animada, todas esas canciones aborreciendo la vida moderna, todas esas horas encerrado mirando televisión, los productos de sprayette, las madrugadas tratando de sintonizar el porno de venus con su codificación casi inviolable, los políticos sonriendo en la tv, sacando pecho en publicidades heroicas que jamás tendrán los heroes, la palabra corrupción en la boca de cualquiera que adorna un poli para evitar multas, bardeadas en clase gritándonos de la nada ¡corrrrrrrrupto!, el champagne, el sushi, lo cool. ahí estaba mi primera relación con la política. todo eso incubando odio desde mi habitación, casi sin salir de mi casa, donde cualquier cosa vinculada a eso era puro silencio. vivimos años sin que se dijera jamás de qué trabaja mi padre. hasta que de chico escuché una conversación telefónica y empecé a entender los mejores autos, la mejor ropa y vacaciones paradisíacas. sin embargo, el contraste no era tan evidente en un colegio privado y católico. ahí no sabíamos lo que era un centro de estudiantes. nosotros teníamos catequesis, estudiábamos la biblia, tomamos la comunión y la confirmación porque era lo que hacían todos, íbamos a misa y dios estaba de nuestro lado. pensé todo eso hasta que el tránsito de la ciudad me trajo de los pelos al presente y el resto del viaje me volví, como si fuera posible, un peor ser humano, un fastidioso infeliz olvidado por dios buscando lugar para estacionar.
toqué timbre una casa antigua, puerta de hierro pesadísima. no me contestaron, me fijé bien y la puerta se cerraba con una cadena y un candado que no estaba, no tenía cerradura y estaba abierta. entré. paredes grises, mezcla de olor a humedad y cloaca, de fondo una música que no distingo. pasillo largo, viene caminando un flaco, boina, barba y mochila, le pregunto por naty y no la ubica por nombre. no sé si por nervios o por qué pero, al mismo tiempo en que marcaba la altura de naty con la mano, dije: una chica de pelo cortito, de cara blanca… ¡¿de cara blanca?! tenía la mano en alto y me faltó decir: una chica de raza aria. genial comienzo. están arriba, me dijo. mientras subía la escalera me di cuenta que estaban escuchando los redondos. vi a naty arrodillada, cociendo sobre los azulejos blancos y negros del suelo de ajedrez. estuve unos segundos en silencio hasta que comenzaron a verme, eran unas quince personas, había solo tres mujeres. me miró: pasá, pasá ¿hace mucho que estás ahí parado? me presentó al grupo y uno me dijo compañero. yo no supe qué decir.
al rato tuve la necesidad de evitar cualquier conversación y me fui a calentar la pava para cebar unos mates por primera vez en mi vida. de repente, sentí que me daba vergüenza decir dónde vivo. no lo preguntaron, pero desde que arranqué la ronda, en cada mate que serví, tuve miedo a cualquier pregunta que condujera a decir que vivo en un country. una de las chicas hizo un intento de diálogo mínimo pero en cuanto vi la gesticulación de su cara para enunciar la primera palabra, la interrumpí preguntándole si estaba bien el agua del mate, si quería que le pusiera azúcar, pero en ese preciso instante mi miedo se esfumó. el tiempo se detuvo al escuchar una voz masculina diciendo ¿me das un mate, natuuuu?. giré y pude ver las células chorreando líbido del tipo que se quiere coger a naty y no tiene intenciones de disimular nada: comenzó pidiéndole a ella un mate que yo estaba cebando. yo no existía para él, o peor, era un instrumento estúpido de ella. me hacía notar que él sí sabe quién es naty, ¡natuuuu!, que tiene trato con ella, que está cerca. todo eso mientras yo estaba sentado en un banquito con toda mi cara de no sé integrar esta sociedad y el termo en la mano como un campesino que espera la lluvia, pero yo esperaba que pusieran una bomba en esa casa y murieran todos excepto naty y yo.
es más grande, debe tener casi treinta. después le dijo a ella que el agua estaba un poco fría, que había que calentarla, y le guiñó un ojo. me estaba diciendo: yo la hago sonreír, haciéndome pensar que cuando no estoy se anima a darle un abrazo y mirarle el culo a la compañera. y naty sonriendo incómoda, poniendo cara de contenta de que haya ido, tratando de meterme en la burbuja inocente de que la militancia solo sirve para hacer el bien. que todos sus compañeros están metidos ahí para sanar el mundo y hacer un lugar mejor para vos y para mí, como canta michael jackson, y no para coger de madrugada en un baño sucio.
en el auto me comentó que estaba asombrada por la poca cantidad de chicas que había en su agrupación. no sé por qué, dijo. yo fui comprensivo sintiéndome un pelotudo o al revés: los pibes me parecen buena onda, mentí.

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