miércoles, 5 de marzo de 2014

jugué por primera vez al póquer con lourdes. fue todo un acontecimiento bajar la escalera en estos días de caracol que llevo dentro de mí mismo. me llamó la atención que ella supiera jugar porque en todos estos años que hace que trabaja en casa nunca me lo había dicho. es de pocas palabras y además casi siempre que hablé con lourdes hablamos de mí. ella es así, en todo. siempre importa el otro. es como si pusiera su bondad y nobleza al servicio de la humanidad.
yo mezclaba las cartas en la mesa y le pregunté cuándo había aprendido a jugar. me contó que fue de chiquita, en paraguay, que su papá era jugador y borracho. le gustaba la copa, dijo. cada vez que me tocaba repartir, sorprendida, entre la alegría y el lamento, decía: ¡no puedo creer tener tanta suerte! y al final terminó ganándome. para mantener las manos ocupadas en algo, volví a esa manía de mezclar y mezclar las cartas mientras le pregunté qué más recordaba de cuando era chiquita y me habló de sus hermanos. tenía 9 hermanos de los mismos padres. me pareció muchísimo. no me daba el tiempo para hacer y criar tantos hijos. sonrió cuando le pedí que me dijera sin repetir y sin soplar los nombres de todos en orden de nacimiento. a la mano siguiente, su cara cambió de repente: hace mucho que no los veo, no sé dónde están, dijo mirando la nada.
ella juntaba los porotos que habíamos usado para apostar; cada poroto era una moneda de 10 centavos. sentimos el ruido de la llave en la puerta y se paró inmediatamente a repasar la mesa. subiendo la escalera para volver a mi cuarto, le dije que después le bajaba los $30, 20 que le correspondían y terminó ofendiéndose: que no, que no es necesario, que qué se piensa usted, que si quería la chocolatada con tortitas negras ahora o un poquito más tarde.
a la noche, en este nuevo arrojo de salir de mi caparazón, me encontré cenando en familia, formando parte otra vez de ese triángulo del horror, la sala de tortura en la que convive el sadismo de mi padre, la falta de criterio de mi madre envalentonada por el vino, mis ganas de no haber nacido jamás y lourdes intentando curarnos como si fuera de la cruz roja.
¿qué te parece el country? preguntó mi madre pero al parecer la idea no era que yo respondiera. nosotros estamos muy contentos porque ahora no preocuparnos tanto por tu seguridad, la verdad es que estamos felices, o más, más que felices, porque... me trata como a un pendejito. mi madre todavía me habla como una maestra jardinera y se siente feliz ¡más que feliz! de haberme alejado de lo poco que quiero en este mundo.
me parece una mierda, dije cuando llegó a su primera pausa, mirando el plato de pastas. ¡una mierda! se indignó a los gritos: vos no sabés valorar nada de lo que nosotros te damos. me levanté para esconder la cara en la heladera, buscando algo para tomar que ya lourdes había puesto en la mesa. ni te das una idea del esfuerzo que representa para nosotros mudarnos acá. ¿nosotros? ¿nosotros qué? ¿si vos lo único que hacés es usar el sacacorchos? pensé.
mi padre masticaba con voracidad haciendo ruido. le sirvió más vino a mi madre y le subió el volumen a la gente entusiasmada de la tv. esa era su manera de sedarla. le pidió a lourdes que trajera otra botella más, cortó un pedazo de pan con el cuchillo, lo mojó en la salsa que tenía el gusto del amor y siguió comiendo.
en silencio, enrosqué los fideos dándole cuerda al reloj de la bomba de tiempo que daría fin a la tv, el vino, el día, la cena... una explosión atómica que nos libre de este campo minado que llamamos familia.

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2 Comments:

Blogger Rocio said...

Como me gusta la literatura me interesa tener la posibilidad de leer historias tanto verdaderas como inventadas y por eso internet hoy en dia es una gran fuente de recursos para los que nos gusta leer. Ademas también me entretengo mucho con mis hermanas jugando con la ps2

martes, 01 abril, 2014  
Blogger mat said...

www.facebook.com/chicodecountry

martes, 15 abril, 2014  

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