miércoles, 5 de febrero de 2014

hace más de un mes que nos mudamos y todavía naty no vino. sigo abriendo cajas y ordenando cosas. recién desenfundé la guitarra. tiene una cuerda rota, está sucia, descuidada. hace mucho que no toco. toco mal, pero toco.
aprendí tocando con el colo en los fogones de aquel viaje “de estudios” al sur en los que nos emborrachábamos por primera vez con whisky trucho a orillas del lago puelo. ahí fue cuando conocí a los ramones. el colo rompió las bolas todo el viaje con un casete gastadísimo que se escuchaba horrible. estaban los cuatro en la tapa. el disco tenía el nombre de la banda, nada más. el colo dice que los discos que tienen el nombre de la banda son los mejores discos de esas bandas porque son los más crudos. me acuerdo que cuando volvimos me lo grabó encima de uno de valeria lynch que era de mi madre y me enseñó el truco de la cinta scotch en los agujeritos del casete. el viaje en micro fue eterno y los demás estaban hartos pero el comienzo del disco con hey! ho! let’s go! era irresistible y hasta las chicas pogueaban. cuando el chofer se cansaba ponía nino bravo y terminé cantándolos de memoria: a los ramones y a nino bravo.
una noche de fogón, yo seguía como podía al colo que gritaba en un inglés asqueroso y cuando pensaba que pocas veces en mi vida podría repetir momentos de mayor vergüenza que ese, levanté la vista y vi que las chicas no se iban. terminamos el primer tema y aplaudieron. paramos y pidieron otra. ¡otra! ¡otra! ¿cuánto podía durarnos? sabíamos pocos temas y metíamos pausas eternas entre canciones mirando el lago poniendo cara de reflexivos.
el viento frío nos hizo llegar el olor a porro desde algún otro fogón. nos llamaba la atención. los profesores se hacían los boludos y nosotros sonreíamos al darnos cuenta pero todavía no habíamos probado. al colo le pedían canciones en castellano y se enojaba. yo imitaba los acordes tarde, como podía, las iba aprendiendo en el momento y sonaba todo horrible y cantábamos peor, pero a ellas les gustaba, se dejaban llevar, se reían y cantaban. pedían liiiiiiibre de nino bravo y era un hitazo infinito, aplaudían, se secreteaban y queríamos extender ese momento para siempre. cuando volví a levantar la vista cada vez había menos gente. los profesores se habían ido a dormir y los pocos que quedaban se durmieron entre frazadas y nosotros, con el colo, quedamos solos, en silencio. agarramos entre los dos otro tronco grande, lo tiramos en el fuego y nos quedamos mirándolo consumirse de a poco como si fuera la televisión hasta dormirnos.
una de esas noches repetidas pero únicas, una de las pocas chicas que se quedó a escucharnos hasta tarde era una flaca hermosa de piel blanquísima, tenía la cara increíble de un bebé recién nacido o un hada y el pelo corto como un pibe. era la única que tenía el pelo corto. esa era naty. como algunos dormían, me acuerdo que hizo chasquear los dedos como si fueran aplausos al final de la hija del fletero y por primera vez sentí que una chica me miraba como dándome una señal de atracción telepática ultrasónica infinita.
tomé licor de dulce de leche para animarme y un rato después le dije al colo que me dolían los dedos. agarré la botella de tres plumas que teníamos escondida en una campera, robé una frazada, me putearon y me senté al lado de naty. le ofrecí que venga a mi frazada y nos abrazamos fuerte. hacía frío y tomábamos juntando valor. con las mejillas pegadas, me dijo que nunca había besado a nadie antes. yo tampoco, pero no dije nada.

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